
La elección del material didáctico adecuado es el momento en que se establece la eficacia de la futura relación entre enseñanza y aprendizaje. Por ello, es necesario adoptar un enfoque crítico que tenga en cuenta el contexto pedagógico en el que se va a desenvolver el profesor: ¿con quién va a tratar en el aula? Responder a esta pregunta significa tener en cuenta factores como la edad de los alumnos, su bagaje cultural de experiencias y estilos de vida. ¿Cuál es su nivel actual de competencia lingüística? ¿Qué esperan de su educación? ¿Qué intereses les motivan?
Tener en cuenta la edad de los alumnos es esencial para elegir materiales didácticos adecuados a su desarrollo cognitivo. Los niños en edad preescolar, por ejemplo, aprenden más fácilmente mediante imágenes e interacción; en cambio, una clase de alumnos adultos puede requerir materiales más estáticos y basados en texto.

Del mismo modo, conocer los conocimientos lingüísticos de la clase significa crear un entorno de aprendizaje uniforme y que no favorezca la aparición de la desmoralización debida a la confrontación con actividades demasiado sencillas o fuera del alcance del alumno menos competente. Un principiante absoluto puede necesitar un lenguaje sencillo para comprender los fundamentos de la nueva lengua, mientras que con un alumno más avanzado puede ser más eficaz empezar a enriquecer su vocabulario y proponer construcciones gramaticales más complejas, así como centrarse en el lenguaje especializado de los negocios.
Por tanto, es necesario relacionar las necesidades del alumno con los recursos disponibles, pero sobre todo con la metodología que el profesor pretende llevar al aula y, en la medida de lo posible, encontrar el compromiso adecuado para que la experiencia de aprendizaje sea realmente eficaz, fluida y motivadora tanto para el profesor como para el alumno.
Es útil que el profesor elija materiales para su entorno de aprendizaje que sean prácticos y accesibles, así como coherentes con la metodología de enseñanza adoptada, que puede variar desde un enfoque tradicional hasta metodologías más innovadoras, como el aprendizaje cooperativo o basado en la investigación.
Enseñar un idioma es un reto y, sin duda, una gran responsabilidad social, pero puede hacerse más fácil y agradable si se planifica con antelación. Para ello, es necesario realizar una evaluación inicial de las necesidades de los alumnos para averiguar cuáles son sus necesidades y preferencias de aprendizaje. Esto puede hacerse mediante encuestas, entrevistas o cuestionarios. A partir de la información recopilada, el profesor podrá establecer la ruta del curso y elegir conscientemente un material didáctico eficaz y basado en los intereses de los alumnos, que resulte siempre estimulante.
Seleccionar el material didáctico es un proceso complejo que requiere una cuidadosa evaluación de los alumnos, el contexto y los recursos disponibles, así como una gran sensibilidad por parte del profesor y también una pizca de creatividad. Al fin y al cabo, enseñar es como contar historias. Y para ser eficaz es importante tener una buena historia que contar.

